La Cicatriz de Smart: Cómo Un Golpe Reconstruyó a un Laker
Los Lakers estaban hundidos. Todos lo vimos. El partido del 18 de diciembre contra los Knicks, una derrota sin vida por 114-109, se sintió como el último clavo en el ataúd de su temporada. Pero fue lo que sucedió *después* del partido lo que casi los hundió por completo. Marcus Smart, en un ataque de frustración, golpeó un marco de fotos en el vestuario visitante del Madison Square Garden. Rompió el cristal, se desgarró un tendón en la mano derecha y puso en peligro su temporada, y quizás su carrera. "Cristal en mi mano", dijo a los periodistas más tarde, recordando el aterrador momento. Le siguió una cirugía, junto con una ausencia de seis semanas. Su regreso el 4 de febrero contra los Hornets, un partido que los Lakers ganaron 124-118, marcó un punto de inflexión.
Mira, no se excusa ese tipo de comportamiento. Nunca. Los atletas profesionales son modelos a seguir, y eso fue un error estúpido. Pero a veces, un momento de tocar fondo puede cristalizarlo todo. La lesión en la mano de Smart, una herida autoinfligida, lo obligó a sentarse, a mirar, y quizás, solo quizás, a reflexionar. Desde su regreso, los Lakers han tenido un récord de 19-7, subiendo del décimo puesto a un sólido quinto en la clasificación de la Conferencia Oeste. Antes de la lesión, estaban 15-13. La diferencia no es solo la presencia de Smart; es la *forma* en que ha jugado. Sus puntos por partido solo han aumentado marginalmente de 11.3 a 12.1 después de la lesión, pero sus asistencias han saltado de 5.8 a 7.1, y su intensidad defensiva, ya de élite, se siente aún más enfocada. Está promediando 1.9 robos en los últimos 26 partidos, frente a 1.5 antes del incidente.
Contexto e Historia
Hablando en serio: Smart es un tipo diferente. Siempre fue conocido por su fuego, a veces para su detrimento. Pero esta versión se siente más controlada, más decidida. ¿Recuerdas el partido del 28 de enero contra los Warriors, justo antes de su regreso? Estaba en el banquillo, animado, entrenando a sus compañeros, con una toalla sobre su mano aún en recuperación. Se podía ver el hambre de volver. Regresó contra los Hornets con 14 puntos y 8 asistencias. Tres noches después, contra los Pistons, anotó un récord personal de 28 puntos, añadiendo 9 asistencias y 4 robos. Ese es un tipo que juega con algo que demostrar, a sí mismo y a sus compañeros.
La cuestión es que los Lakers necesitaban una chispa. LeBron James y Anthony Davis son fenomenales, pero no pueden hacerlo solos. Smart aporta esa garra, esa ventaja defensiva, esa voluntad de meterse bajo la piel de los oponentes. Es el tipo que se lanza por balones sueltos en el último cuarto, el que grita las asignaciones defensivas. Y sí, todavía tiene el ocasional lapsus mental, pero son cada vez menos frecuentes. El incidente del puñetazo, por muy feo que fuera, parece haberle dado a Smart un enfoque renovado. Es casi como una cicatriz que lleva, un recordatorio constante de lo cerca que estuvo de tirarlo todo por la borda.
Aquí está mi opinión: el Marcus Smart que estamos viendo ahora, el que está impulsado por esa herida autoinfligida, es la mejor versión de él que hemos presenciado. Los Lakers, con Smart jugando este tipo de baloncesto enfocado y físico, no son solo un equipo de playoffs. Van a las Finales de la Conferencia Oeste.
